¿La falta de disciplina es una causa de malas calificaciones?

BLOG-18-08-16

La disciplina es uno de los pilares de la educación. Junto con el amor, establecen el equilibrio perfecto que cimenta el edificio del aprendizaje ¿Qué pasa cuando uno se entrega desproporcionalmente, obviando al otro? Las malas calificaciones hacen su aparición.

Según el reconocido psicólogo clínico y educativo, Isauro Blanco, creador de diversos métodos de enseñanza con gran acogida en el campo neuropedagógico, uno de los problemas de la educación hispanoamericana es la falta de disciplina.

Para el especialista, no es una novedad que Finlandia, Suiza, Nueva Zelanda y Singapur sobrepasen con creces a decenas de países latinoamericanos en el ranking de educación. Él sentencia que los niños latinos tienen “mucho afecto y poca disciplina”. Esto afecta su desempeño y productividad, transformando a los salones de clase en ruidosos escenarios donde pocos pueden aprender efectivamente.

“La disciplina no funciona con castigos y premios tiene que ver con una actitud de los padres”, comenta. Una crianza permisiva, donde se negocie demasiado, se les permita a los niños rendirse ante la aparición del llanto, y además, no se priorice el desarrollo cognitivo, origina en ellos serias falencias estudiantiles.

El motivo es simple, no saben esforzarse para aprender. Prefieren jugar que prestar atención a la clase, porque en el hogar se han acostumbrado a una actividad recreativa por encima de cualquier obligación. Por lo tanto, ni su atención ni motivación, están preparadas para los sacrificios que requiere una correcta educación.

Existe una relación bastante notoria entre los problemas de aprendizaje y la falta de disciplina. Aprender es un entrenamiento constante, que requiere esfuerzo, organización, orden y continuidad. Los expertos indican que solo el 50% de la inteligencia humana deriva de los genes, lo demás es resultado de la preparación, basada por supuesto en un carácter responsable.

Este desarrollo, que empieza durante la infancia, no inicia su camino satisfactoriamente cuando el pequeño es víctima de la falta de disciplina en el hogar o en el colegio. Necesita parámetros y una guía adulta para asimilar al máximo los conocimientos que lo rodean. Si no, es como una esponja lejos del agua, sin nada que absorber.

“(Los maestros) pierden mucho tiempo en callar y sentar a los niños”, detalla Isauro. Agrega que uno de los grandes errores de los progenitores es “hacer funciones que el niño puede (y debe) hacer”, como resolver sus tareas y amanecerse culminando sus obligaciones. Por otro lado, les permiten largas horas frente a la televisión o internet, actividades adictivas que pueden disminuir la atención si no son utilizadas con cuidado.

Por supuesto, esto no quiere decir que los progenitores deben dejar de lado sus demostraciones de afecto para imponer una disciplina severa e intolerante, sino equilibrar este cariño estableciendo límites de conducta. Lamentablemente los niños no notan su mal comportamiento si no son disciplinados, la autoridad es básica en su crecimiento.

Hágale ver a su hijo que las malas notas no son un asunto que ignorar. Enséñele a respetar las horas de clase, a escuchar atentamente al maestro, a organizar su tiempo y separar sus actividades recreativas de las horas de estudio. Establezca horarios en su hogar para el internet, televisión, entre otros (es aconsejable que acceda a ellos luego de acabar las tareas).

El horario de comidas, sueño y la enseñanza de ciertas técnicas de estudio, también servirán para potenciar los conocimientos y obediencia de su hijo.

Dígale que lo ama poniéndole límites. Es una de las demostraciones de afecto más sinceras y productivas. Cuando el niño aprende a ser disciplinado, sus calificaciones empezarán a mejorar.

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