No es lo mismo

 

Amor, esfuerzo, generosidad, esos y otros tantos términos nos posibilitan precisar a qué nos estamos refiriendo en de realizar.

De hecho, la palabra bueno no siempre se encuentra ligada al placer, al contrario, se refiere a aquello que nos abre el camino a la vida, nos permite desplegar lo que realmente somos atravesando obstáculos y realizando los deseos más profundos, sin dejarnos engañar por cuestiones inmediatas que nos ciegan respecto a lo que somos y lo que deseamos de todo corazón.

La noción de lo bueno no va siempre junto a la verdadera noción de placer pues, por ejemplo, muchas madres que han tenido a sus hijos en partos dolorosos, han experimentado a través de ellos, una de las experiencias más hondas y significativas de la vida. A tal punto que, aún después de este parto tan difícil, volverían a concebir y, con mucha emoción, recordarán ese momento como algo hermoso.

Cuando comprendemos que el placer no es el único referente de lo bueno, mostramos cierto grado de madurez que nos hace más fuertes y eficaces en la vida. Tener una aceptable tolerancia a la frustración; saber trascender el dolor cuando es importante para alcanzar una meta genuina. Saber encontrarle un sentido fértil a momentos difíciles, sin dejarse caer, animarse a ayudar a alguien que está sufriendo sin estar en exceso pendientes del mismo, son claros ejemplos de que bueno y fácil no son sinónimos.

Un padre que da su vida por salvar la de su hijo, para ocuparse de él si tiene alguna discapacidad o una enfermedad, lo hará con cierta energía que desconocía anteriormente. Lo bueno para él es, justamente, cuidar a al hijo y, en ocasionas más dramáticas, como la guerra, la hambruna o la violencia social, hasta dará la vida por los hijos como lo mejor que puede hacer en esa situación. Eso es lo bueno para ese padre o esa madre que enfrenta una circunstancia tan terrible.

Por suerte, pocas veces se llega a extremos semejantes, pero es de vital importancia señalar este ejemplo para no banalizar el concepto de que lo bueno para los padres, es lo bueno para los hijos, quedando atrapados en una visión liviana y egocéntrica ya que también la civilización va cambiando.

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