¿Qué es la taquifemia y cómo reconocerla?

TEQUIFEMIA

Cuando hablamos de problemas de lenguaje, los más conocidos suelen ser el retardo en el habla y la tartamudez; sin embargo, existen otros que podrían estar afectando a su hijo sin que usted tenga conocimiento. La taquifemia es un problema de la comunicación que afecta la fluidez de las palabras y que ataca a niños y grandes.

A diferencia de la tartamudez, la taquifemia produce una aceleración extrema en la pronunciación de palabras. Esto genera la distorsión de las frases, las cuales se vuelven inentendibles. Además del habla, este trastorno también afecta los patrones de pensamiento, escritura, mecanografía y conversación.

Los síntomas se pueden confundir con los de la disfemia, retrasando el  inicio del tratamiento adecuado. Por lo que es muy importante que los padres estén atentos a las diferencias entre ambas condiciones.

El primer indicio, y el más notorio, es el ritmo excesivamente rápido del lenguaje y el discurso desordenado. También están los problemas en la fluidez verbal, el cambio de sílabas, consonantes o vocales, una incorrecta respiración al momento de hablar, articulación imprecisa, uso de muletillas, y una voz monótona y sin emoción.

Por otro lado, el individuo suele interrumpir al interlocutor debido a la incapacidad de controlar su discurso. Es importante resaltar, que la taquifemia no produce tensión muscular o movimientos asociados, lo que sí sucede por la disfemia.

El niño con taquifemia no suele notar su excesiva rapidez al momento de hablar, por lo que no acumula ansiedad por el diálogo con frecuencia. Pero, aunque él no sea consiente, los demás lo notan fácilmente y, por ello sufre de problemas sociales y académicos.

La terapia logopédica o del lenguaje  es la mejor opción para solucionar las falencias de comunicación que produce la taquifemia. Los especialistas del habla trabajan sobre las causas emocionales y neuronales del trastorno. Que por lo general se relacionan con la inmadurez del sistema nervioso central o la afectación de áreas lingüísticas y senso-motoras, además de una personalidad impulsiva, hiperactiva y extrovertida.

El terapista, aumenta la conciencia del paciente sobre su propio ritmo de lenguaje, para que pueda moderar su velocidad y maximizar su autocontrol. Complementa esta labor con ejercicios para mejorar el ritmo, la prosadía, el tono muscular, la movilidad oral, la amplitud articulatoria y la coordinación fonorespiratoria.

Mientras antes se inicie el tratamiento es mucho mejor para el paciente, pues podría desarrollar aislamiento social para no ser víctima de burlas o desaires.  El apoyo de la familia es primordial para complementar la terapia.

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